Injusticia y tristeza. Ojalá existiese el indulto en esta extraña función.
Si hubiera esa oportunidad para la amnistía, si fuera posible perdonar el fatal desenlace a quienes pasaron enriqueciendo la existencia del resto, Fernando Fernán Gómez debería estar aún entre nosotros. Y, de alguna forma, su legado siempre estará ahí.