Hablar de una sala de conciertos de Madrid, en los tiempos que corren, es bastante normal, pero lo excepcional es que la noticia no es que se cierra sino que sigue abierta y, lo más milagroso aún, es que encima ¡¡cumple su 30 aniversario!! Mejor que no le den tanto bombo al cumpleaños no vaya a ser que se den cuenta que existe y la cierren como todas.

Mi relación con la Sala El Sol siempre ha sido de amor-odio. La primera vez que fui a un concierto allí, recién llegado de Cáceres, fue espeluznante. Me explico. No conocía Madrid mucho y bueno apenas había salido de Cáceres claro, pero ya en aquel entonces (hace casi 10 años) era de las pocas salas donde se podían ofrecer conciertos de una entrada media (unas 400 personas) en la capital (luego todo ha ido a peor…). Pues la Calle Jardines, donde está la susodicha sala, nace de plena Calle Montera y en aquel tiempo estaba en plena ebullición, putas de todas las nacionalidades, chulos, clientes y algún que otro transeúnte despistado como yo. Bastante impactante para alguien de “provincias” recién llegado a la capital como pueden imaginarse…. La hora programada para el concierto era las 23:00 pero pensé que era mejor tantear el terreno y me acerque una hora antes más o menos. Esperaba encontrarme un local que hiciera gala a una sala de esa reputación y recorrí varias veces la calle sin encontrar ningún signo de que allí hubiera algún sitio que pudiera ser la sala en cuestión. Ningún letrero, nadie a quién preguntar… Bueno fueron unos momentos de incertidumbre, pensaba que me había equivocado de calle o que a lo mejor había otra calle con el mismo nombre en algún otro lugar. Finalmente, pasadas las 23 horas, alguien llegó y levantó una persiana metálica enorme y allí apareció ella… En ese momento surgieron grupillos de gente de la nada y empezaron a formar una cola para entrar en la sala. Aún sin muchos indicios de que aquello fuera una sala de conciertos, cerré los ojos, suspiré y bajé, con el torrente de sudor frío que me caracteriza, unas escaleras que se perdían en la oscuridad y que no sabía muy a dónde me conducirían….

Esa relación de amor-odio se debe fundamentalmente a su horario… Todos los conciertos empiezan a partir de las 23:30 mínimo y si tienen teloneros, date por muerto, porque la cosa acabará sobre las 2 de la madrugada… Eso significa llegar a casa casi a las 3 y despertarte a las 6 para trabajar… eso un miércoles o jueves te acaba convirtiendo en un zombie hasta que no llega el fin de semana… Desde luego ir a un concierto a la sala El Sol es, si es tu primera vez, un acto de fe, y después, un compromiso de fidelidad a tus convicciones y gustos más fanáticos de la vida. A la sala El Sol no sé va por casualidad o entra alguien por la inercia de ver una cola en la puerta, se va después de haberlo pensado y repensado, en un ejercicio de razonamiento y premeditación que disipe de cualquier duda. Quizás sea por eso, excepto algún grupo que arrastre la penúltima moda, por lo que la gente que se reúne allí disfruta de la oportunidad que se le presenta, después de tanto pensarlo no queda otra, y los conciertos quedan marcado por el rojo vivo del sello de la sala.

La sala El Sol no es mítica por ser la mejor del mundo, ni la más confortable, ni la de mejor acústica… lo es porque siendo uno de los pocos refugios que quedan en la capital donde disfrutar de la mejor música en directo, donde los grupos tienen aún la oportunidad de tocar y nosotros de verles.
¡¡Muchas gracias por resistir estos 30 años!!

Sala El Sol