Adolfo Aristarain, director y guionista de cine argentino, es otro de los clásicos del festival de cine de San Sebastián, festival en el que consiguió la Concha de Oro a la mejor película por “Un lugar en el mundo” en 1992. Nosotros aún tenemos fijado en la retina el recuerdo de la tremenda “Lugares comunes” presentada hace dos ediciones. Ahora lo tenemos de vuelta con su último trabajo, “Roma”. Un genio capaz de ponernos la carne de gallina con cada una de sus películas. El mismo sentimiento tuvimos al poder entrevistarle y tenerlo frente a frente.
Siempre nos apasiona preguntar por los inicios de alguien que se dedica al mundo del cine, pero nos quedamos sorprendidos ante la pequeña autobiografía que, en poco tiempo, nos dedicó Adolfo Aristarain en su respuesta, reflejando lo duro que fue lograr realizar su primera película. Resulta admirable ver la paciencia y voluntad de hacer cine de este gran director argentino.
No tuve una visión reveladora de “voy a expresarme con el cine”. Para mí fue un trabajo. Evidentemente, siempre me gustó el cine desde pequeñito... me gustaba leer, iba al cine y veía tres películas por día. Pero buscando maneras de subsistir, conocí a gente de teatro, me metí en teatro, de ahí conocí actores que me llevaron a rodajes, de ahí conocí a más gente, y bueno... empecé en alguna película, en producción y luego de ahí probé en dirección. Había problemas con el sindicato, que no quería gente joven y tardé cerca de un año para poder trabajar en mi primera película, sin cobrar. Fue todo escalonadamente... primero tuve que hacer cinco películas como segundo ayudante de dirección, luego otras cinco como asistente de dirección, y luego ya como primer ayudante. Pero yo esto lo viví como un trabajo, como un modo de vida, pero que me divertía mucho... por eso tampoco he tenido nunca la sensación de estar trabajando, porque me gustaba tanto, y encima ¡me pagaban por divertirme! Yo trabajé como en 30 películas antes de hacer la primera, y hasta el año 70 no escribí mi primer guión aquí en España con 27 años, que no quisieron comprarme o por el que me ofrecían muy poco dinero. Entonces lo utilicé para hacer mi tercera película, “La discoteca del amor”. Cuando escribí aquel guión ni mucho menos pensaba en dirigirlo, y fue por el año 73 cuando empecé a sentirme seguro en dirigir algo gracias a la experiencia de algunos trabajos que realicé en España con algunos directores italianos, que fue la primera vez, no se por qué... debía haber gente que le caía bien, y me daban a rodar los fondos de título, yo pensaba que era una pavada... rodar soldados esperando para un combate, o un ataque de los indios a una diligencia y bueno... ya poco a poco empecé a animarme, ya tengo experiencia, me voy a animar a hacer una película. En el 74 me volví a Buenos Aires, porque aquí en España estaba en un medio con un nivel industrial muy alto, en el que no iba a poder dirigir en la puta vida, donde nadie se iba a jugar plata por mí. En Buenos Aires, al ser un ambiente más chico, como que te empujan a dirigir, y ya en el 78 unos tipos leyeron el guión y me dijeron que se podía hacer con muy pocos riesgos, y así empecé. Entonces, como antes te he dicho, fue un poco como decantándose, no fue algo que yo descubrí de repente, no entré con la meta de “quiero dirigir”...
Hay tres películas que para nosotros se desmarcan de la filmografía de Aristarain: “Un lugar en el mundo”, “Martín (Hache)” y “Lugares Comunes”. Le preguntamos su opinión sobre ellas.
Es muy difícil, porque uno cuando hace una película es cuando realmente la mira e intentas llegar a lo que quieres, a contarlo de la manera que te gusta que te contaran a ti una historia... y lo que sí sé es hasta dónde hay un grado cada vez mayor de riesgo en la manera de contar las historias que elijo. Creo que “Un Lugar en el mundo” es la más de peripecias, es una película con muchos sentimientos, pero que no me resultó difícil porque había mucha acción, pasaban muchas cosas... en el caso de Martín (Hache), ya la cosa se hizo mucho más compleja porque era una película en la que pasaban muy pocas cosas... le pasaba mucho interiormente a cada personaje, pero la acción era mínima y además me invento a dos tipos que son charlatanes, que lo que más les gusta es escucharse hablar, por tanto hablan hasta por los codos, cosa que también tiene su riesgo... y ha pasado, que me lo han dicho, pero hablan porque tienen que hablar, son dos tipos que les gusta vivir de escucharse hablar, tanto Poncela como Luppi. Los comentarios que me hace la gente cuando ve mis películas es el tipo de cosas que yo recuerdo de las películas... no las vuelvo a ver, no las puedo volver a ver porque empiezas a verle todos los defectos, todas las cosas que no tendría que haber hecho... y entonces no las disfruto como espectador. Si veo cachitos es porque las pasan por televisión, pero yo nunca me las pongo, ni loco... ni loco me pongo a ver una película que yo he hecho. Y bueno, de Lugares Comunes, pues, no sé muy bien qué te puedo decir... es una película dominada por la figura de la mujer, y en la que, en cierta forma, está metida mi mujer... yo creo que si no estuviera mi mujer al lado, estaría tirado en una zanja, no tenga duda... porque así como que me ve muy tranquilo soy un desmadre total, no tengo límite para nada...
Pasamos a hablar de su última película, “Roma”, que se presenta a la sección oficial del festival de cine. Parece que esta vez la historia reside mucho más en las peripecias vitales de un personaje...
Yo no me planteo de antemano los temas de la película, ni me planteo para dónde va a ir dirigida... gracias a que se me ocurren historias, y bueno, van por un lado, yo las sigo y normalmente en cada historia metes cosas que son absolutamente tuyas, muy personales... pero no así, a grandes rasgos... generalmente no buscas temas, sino que sigues la trayectoria de un personaje, qué le pasó a este tipo, qué le pasó en su vida, y de ahí va apareciendo la historia... lo que sí apareció como tema fue la figura de la madre, es decir, yo vengo haciendo historias que generalmente tienen que ver con una relación padre-hijo, y me dije ¿qué pasa con la relación madre-hijo? ¿por qué no se toca? y además no vi que hubiera películas que lo tocaran, creo que un poco por pudor, y creo que hay que dejar este pudor, porque como personaje fundamental de la vida de alguien está la figura de la madre... en el caso de la película mucho más, porque la madre queda viuda y se encarga ella sola del chico... pero aunque no sea viuda, la que está más tiempo con los chicos es la madre... además de ese instinto que no tienen los padres... el padre tiene que hacer un ejercicio para adquirirlo, pero en la madre es instintivo, como la protección de los chicos... cuando está en riesgo la supervivencia de sus hijos no hay barreras, no hay ni convicciones morales ni nada... son capaces de voltear montañas, son capaces de dar la vida para que sobreviva un hijo... con esto te digo todo... Y dije ¡aquí hay un tema, aquí hay una historia! Y claro, tomé como modelo a mi madre, que era lo que yo más conocía, lo que tenía más cercano, y el personaje pues es un reflejo de mi madre, aunque mi madre era mucho más lanzada... si yo cuento todo lo que era mi madre no se lo creería nadie... Y mi madre no era así porque tuviera una formación o hubiera ido a la universidad... era simplemente por una filosofía de vida adquirida por puro sentido común... ella decía que en la vida lo que tiene que haber es respeto por la gente, pero no convicciones morales ni nada de eso... mi madre se cagaba en todo...
En la película se va destilando un discurso en el que se cita en literatura a Dumas, Pío Baroja; en el cine, Howard Hawks, John Ford... ¿ será, quizás, una apuesta por los clásicos frente a una falta de interés por la literatura o el cine contemporáneo?
En cierta forma sí... lo que hicimos, dada la necesidad que existía en el personaje de Sacristán de hacer un traspaso de conocimientos con el chico, ya que si el tipo es escritor y el otro también quiere ser periodista, tenían que hablar de literatura; fue darnos el gusto de nombrar a todos los tipos que nos gustan, nada más que eso... pero fue un tema más funcional de la historia que de puro homenaje... era necesario para el personaje. Y luego, el gusto por el Jazz es al margen... a la gente le puede gustar o no, da igual, pero bueno... ahí ya era una cosa personal mía... al único que le gusta el jazz de los tres (guionistas) es a mí... soy un fanático del jazz, es lo único que escucho...
¿Y a cuál de los tres no le gusta los críticos?
No... lo de los críticos era una coña. Además, es un escritor... está hablando de los críticos literarios.
Con una sonrisa en los labios y una leve carcajada terminanos la entrevista ante uno de esos monstruos del cine con el que tuvimos la suerte de compartir unos momentos.
*Entrevista realizada por Felipe Moreno para Canal Capital (Colombia) con la colaboración de Antonio Egea