Muchas veces caigo en la adicción de la red y me embarco en la fútil cruzada de adentrarme en ese laberinto sin salida. Decía Borges que el laberinto es un temor; pero también una esperanza. Es un temor porque estamos perdidos, pero es una esperanza también, porque uno espera o desea que tenga un centro y así tener esa remota posibilidad de encontrar una salida.
Supongo que esa esperaza se hace más fuerte cuando aumenta el hastío de lo conocido y uno siente la necesidad casi insoportable de buscar algo distinto. Internet, esa red de redes que se presenta como una maraña de interconexiones e infinitos caminos, se convierte en ese laberinto del que hablaba el escritor. Un mar desconocido que se abre en el horizonte pero que bajo una capa azul intensa, apenas deja entrever su interior.
El temor del fracaso y el tiempo juegan siempre en contra y la mayoría de las veces se alzan como ganadores de esta contienda. Otras, sin embargo, tropiezan en la sorpresa que se siente al encontrar algo inesperado. Un viaje que hace escalas por muchas calles anodinas donde las casas se repiten en formas y colores, pero que, cuando menos te lo esperas, al doblar la esquina, se presenta ese edificio de líneas imposibles y mágicos colores. Y ese sentimiento de esperanza olvidado empieza a recorrer un cuerpo casi siempre exhausto.
El último viaje acabó en la imagen de una chica donde las palabras abandonaban su boca en un torrente de fuentes y tamaños. Gritaba: "el eco de tu sombra no es mi luz sino el reflejo de mi propia existencia". Era alguien que lloraba un alfabeto de lágrimas y que unía sus dedos para enseñarme eco y luz. Y se daba la vuelta y aparecía despacio con el pelo recogido de paciencia agotada y agotable.
Mientras que poetas de todas las generaciones se afanan por construir imágenes sobre sus palabras, y artistas multidisciplinares buscan dotar de magia poética a sus creaciones, Ainize Txopitea une lo que parecía obvio. Busca que la imagen acompañe al texto y que ambas caminen juntas formando un mensaje único hacía el sorprendido espectador. La tecnología se convierte en poderoso aliado de la artista y proporciona el dinamismo necesario para atrapar en sus redes al desconcertado viajero. Ese centro, descubierto por casualidad, recupera la esperanza perdida e invita a quedarse por un tiempo.
Descubran el universo creativo de Ainize Txopitea y sirva esta propuesta para presentar un trabajo sorprendente. Una muestra de lo que te espera (¿preparado?) en www.cyberpoetry.net.