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Me pregunto si el que sólo ve genialidad donde los demás sólo ven locura, le hace aún más loco. Aunque sería ésta, sin duda, una locura distinta, anónima, no reconocida aún y sin antídoto. La diferencia materializada en pastillas de colores sobre vasos de plástico que buscan devolverte a la normalidad.
Me pregunto qué es la normalidad hoy en día. Adulterada y escondida bajo los engranajes de la rutina, enseñando sus dientes afilados, moviéndose con la lentitud imperturbable del tiempo.
Me pregunto qué sería de la Historia, que sólo reconoce a los que vencieron y apenas menciona a los vencidos, hablara de los fracasados, de los que lo intentaron y no llegaron o de los que, simplemente, jamás se atrevieron a intentarlo.
Me pregunto qué sería del que nunca lo intentó sin esa rutina que pone orden a su vida. Una agenda que une las horas, los días, los meses, los años... No hay respuestas porque no hay preguntas. Todo es más sencillo así.
Me pregunto qué sería de nosotros sin esa rutina creada por otros y que da orden a nuestras vidas, justificando una sociedad, un modelo que es el único que funciona, o eso nos dicen desde los medios y sus analistas en nómina.
La respuesta estuvo un momento. Despistada y confundida por nuestros instintos aletargados. Recordaba ahora alguien lo que fuimos un día y ya no recordamos. Lo llamó El viaje íntimo de la locura.
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