Partir

Año: 
2016

 

Recibí una carta a mi nombre cuando sólo esperaba una mera transacción comercial. Intercambiaste un anónimo número de identificación con un agradecimiento acompañado de un saludo y una bienvenida. No me conoces y ahora creo que juego con un poco de ventaja. Déjame que intente devolver ese efecto sorpresa. Te diré que Luna Miguel es una debilidad y con ello empiezo a perder esa protección que me da una hoja sin rostro. Sus palabras vuelven a mí con un ejército imparable que me hace mirar al cielo y trazar líneas imaginarias que forman una nueva constelación inventada: Luna Miguel - Lucía Baskaran.

No soy bueno encontrando un lugar entre adjetivos grandilocuentes, me siendo deshabitado en una casa enorme donde los muebles apenas logran su función primitiva. Tampoco se me da bien encontrar compañeros de viaje que te hagan recordar el destino al que pronto llegaremos. Supongo que no hay prisa, de momento sólo he empezado a escribir sin haber pensado primero en que siempre debe haber un final. Afortunadamente cuento con el tuyo: "Lo que no se nombra no existe o, peor aún, se llama con un nombre que no tiene nada que ver con lo nombrado". Yo también uso pronombres personales para ocultarme. Pero yo los desdobló en dos: Él y Ella, buscando en ese dialogo ficticio encontrar respuestas a mis propias preguntas. Es un refugio de ficción para no sentirnos tan vulnerables ¿verdad?

Pero fue ese final el que me llevó de nuevo al título. Partir, partir, partir. Lo repito porque aprendí a memorizar a base de caídas y repeticiones. Pienso que has encontrado el sinónimo más bello para todas nuestras huidas: Partir. Porque recuerda que hubo un pacto y que ahora tus palabras son también nuestras. Me veo instintivamente renombrando todos mis viajes a ninguna parte con una forma de partir hacia un mismo resultado. 

La memoria sólo conserva los recuerdos que sangran y permanece inalterable, mirando a otro lado, sobre todos los demás. No sé si esa esa la razón de nuestra coraza inconformista, que traza paralelismos entre dos puntos inalcanzables. También es parte de un agudo sentimiento de autodestrucción que alimenta y agita al de supervivencia. Sí, resucitamos, y seguimos con aliento dulce y salado de sangre y lágrimas. Debe ser ese nuevo sentido el que hace tachar el último destino en un billete de tren usado y, a continuación, escribir otro y devolver el deseo al bolsillo del pantalón. 


"Ella se puso pantalón de cuadros que encontró entre los restos de hace veinte años. Buscó sus gafas de sol para proteger su nueva mirada. Bajó a la calle desierta. Aún no había amanecido. Sacó de su bolsillo un viejo billete de tren usado. Leyó el destino. Arrugó el papel y lo lanzó tan lejos como pudo.

Él esperaba en una parada de autobús a una hora incierta, en la que dudaba si tenía que ir o volver. A sus pies llegó un viejo papel arrugado de zapatos que doblaron la calle sin saber si tenían dueña. Abrió aquel regalo de madrugada y entre varios nombres de ciudad tachados había una palabra: Partir. Él repitió: partir, partir, partir, porque le han habían enseñado a memorizar a base de caídas y repeticiones."

Lucía Baskaran, Expediciones Polares, Partir
Sinopsis: 
Partir es una historia sobre la juventud, sobre cómo matar la ingenuidad postadolescente y morir un poco, para luego resucitar hermosos. A través de la protagonista, la autora nos sumerge en un relato descarnado en primera persona. Desde sus personajes —jóvenes locos, temblorosos, que quieren descubrir el mundo y hacerlo estallar en pedacitos— hasta sus escenarios —Madrid, París, el ambiente universitario, ese sabor fresco, moderno, duro y urbano—, la historia va tomando fuerza y realidad y nos invita a seguir leyendo con miedo y emoción. Un libro comparable, entre otros, a La campana de cristal, de Sylvia Plath, o a las primeras novelas autobiográficas de Amélie Nothomb.