(Apenas) nos queda la musica: crónica musical del FIB (part 4)
Nacho Vegas, ese predicador mesiánico de nuestro tiempo, se pasa todo su último disco con la cantinela de lo agónica que es la espera del tercer día. “El tercer día” por aquí, “el tercer día” por allá, bliblibli blablabla. Ni Pete Townsend en su época conceptual, macho, qué pesao. Lo que no sabíamos es la profecía oculta detrás del “Manifiesto Desastre” e íntimamente relacionada con el FIB 09, desde la sodomía (a los fanes de KOL) hasta la lucha por la supervivencia (contra las hordas guiris) convertiría a NV en el Nostradamus del norte (del norte) y a nosotros en sus más fieles seguidores. Dios, me parezco a Dylan en su época iluminada. Volvamos a lo que nos ocupa.
Si hay algo que hizo bien (con salvedades, como todo) la organización del FIB este año fue juntar a todos los grupos con un nombre realmente lamentable en un mismo día (con la excepción de estos gañanes, que han pagado la novatada) para así poder llegar al recinto a una hora prudencial (más allá de las 20.00). Pero como no podía ser de otra manera, y más en un año en el que el festival se parecía más a una edición veraniega y con menos ropa de “¿Qué apostamos?” (también había golfas que no querían envejecer y capullos por todas partes), decidimos contra toda lógica acercarnos pronto. Con tan mala fortuna que nos dimos cuenta de que no sabíamos distinguir un ukelele de una guitarrita. Quizá hubiésemos necesitado más tiempo, pero, con miedo a pillar mononucleosis mental ante semejante espectáculo, decidimos dilapidar nuestra ya escasa fortuna ticketera en un litro más de cerveza. Si hubiésemos sabido lo que se nos venía encima, hubiésemos pedido stock options de las barras a este gañán. Porque teníamos que haber dejado las barras desiertas
Elegir un nombre tan cutre como éste ya me parece el mayor de los despropósitos. Ser más soso que estos hijosdeputa es ya una afrenta a todo concepto del buen gusto. Pero intentar hacer entre canción y canción un monólogo a lo Paquirrín para así poder namecheckear a toda la caterva de “míticos del indie” de la que te acabas de hacer amigo es un poco lamentable. Veamos lo que aprendimos del concierto de Klaus&Kinski:
1) Que en directo son un poco bastante malos.
2) Que su cantante únicamente está cómoda en el escenario si cuenta al público su vida.
3) Que lo que se lleva ahora no es el shoegaze, no te engañes, es el notebookgaze (y si un grupo con tan pocos temas tiene que llevar chuleta, apaga y vámonos)
4) Que Guille Mostaza es un revientachistes (torontontero… juas… me parto)
Pero lo que para Big fue agónico, para Little fue el concierto del festival. Yo creo que hay que mandar a éste tío a Ciempozuelos pero ya.
Después de la tortura murciana de K&K, hasta la versión del Desaparecido que se marcaron Calexico me pareció una liberación. Aunque la sensación me duró cinco segundos. Lo justo para odiar las cornetas y desear que Emir Kusturika les fiche para su próxima peli. Americanos perdidos por los Balcanes. Qué liberación.
He de confesar que no esperaba mucho de la actuación de los TV on the radio (un nombre más para añadir a la lista). Con todo el estatismo de la radio y el misticismo de la tele un domingo por la mañana. Bien, eso era antes. Parece que con la ciencia le han entrado ganas al Ignatius negro de dar un poco la nota. Y tú, chaval, a verte unos cuantos conciertos de REM a ver si se te pega algo del Tim Booth de Athens. Sí, eso muy bien. El molinillo, el salto del conejito… Sí que has aprendido, sí… Grata sorpresa en un día gris. Menos mal que han sacado del repertorio “Ambulance”, que para Gospel ya tenemos a éstos pesaos.
La poca chicha del día nos forzó a sufrir la actuación de Friendly Fires, cuya principal habilidad es tocar la misma canción en bucle una y otra vez. La primera vez no está mal. La segunda, mejor (Jump in the pool). Pero a partir de la tercera, el nivel de sopor llegó a tales extremos que nos alegramos de habernos limpiado la grasa del bocata que acabábamos de degustar en los hijosdeputa que nos golpeaban a cada salto. Consejo: Si queréis pillar con alguna gacelilla moderna, llevadla a ver a estos cabrones la siguiente vez que vengan a España. Es la alternativa del siglo XXI al no tener televisión de nuestros abuelos. Eso sí, aseguraos que entráis de los primeros al WC, que se van a petar.
Los Planetas. Ay, es un tema que nos quema en las manos, ¿verdad? Porque claro, si cancelan el viernes debido a los elementos, y siguen por la zona, pues vamos a intentar que toquen, aunque sólo sean un poco menos de tres cuartos de hora. Pero claro, ¿cómo vamos a dejar hoy que el escenario Verde siga su horario normal? Hay que hacer algo para que haya retrasos y solapes, no sea que la gente no se dé cuenta de que esta organización es un desastre. Vale, entonces adelantamos la hora del escenario Verde una media hora o así y producimos un solape con The Killers. Eso sí, como es habitual en estos eventos, los Planetas saldrán del revés, así que la gente huirá en masa para ir al gayetero de moda. Joder, putos visionarios.
Fin de fiesta. La horterada por la horterada. La superproducción por la superproducción. Queen reencarnados. Brandon Flowers vestido de torerito. El comosellame del guitarra en su digievolución hacia Lola Flores. Si es que esta gente sólo tiene temazos. Desde la versión de Roxette a la de Joy Division. Y mientras, Little, con náuseas. Y es que esto de ser detractores del hit a veces nos acarrea problemas de entendimiento bastante grandes.
Después, carpa pop. Y es que nos gusta rebozarnos en nuestra penuria de pinchar porque no nos dejan. En un ambiente de quasi bacanal, pudimos codearnos con personajes míticos de diferentes escenas. Tíos descalzos y en ropa interior. Hombres vestidos de fruta. Mujeres desvestidas. Pokeros. Pokeras… Y aunque nos sentíamos en nuestra salsa entre tanto descerebrado, el panorama desolador de relajación moral en el ámbito musical (a quién se le ocurre pinchar a Editors después de Interpol) y la edad (la nuestra y la del entorno) nos aconsejaron, cual Pepito Grillo, que era mejor volver al campamento base.
Para nunca más volver.
¿Para nunca más volver?
Hoy, cuando Las Vegas era Dover.



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