Daniel Martin Moore + Charlie D'Chang

Tuesday, March 7, 2017 - 21:30
Madrid

 

7/3/2017

La Faena II

Creía en los milagros y crecí pensando en que algo así ocurriría. Pero llegó un momento en que el deseo de un milagro se confundió con sueños e ilusiones. Y ya no recuerdo cuando llegó el día en que todo acabó en nostalgia y que todos esos momentos triunfales realmente sólo fueron ecos de la infancia.

Era un martes, y como todo lo realmente importante, llegó cuando nadie lo esperaba. Todavía no podría decir cómo fue exactamente, no sé si llegué persiguiendo algo que fuera real o si huía perseguido por todos mis miedos. Sea como fuera, era una noche sin frío, sin luz en el callejón y con la puerta negra que estrellaba todas la miradas.

Era un día de conjuras, eso si, uno de esos días en que ninguno dejamos ningún resquicio para que entraran las dudas, un día en el que todo tendría que salir bien. Porque primero lo hicimos y después lo soñamos. Invertimos la polaridad que nos llevaría al desastre para encontrarnos con un milagro.

Primero llego el Charlie y con él, el primer escalofrío. Tengo miedo de repetir deseos, porque quizás vuelvan a ocurrir y no pueda estar, o porque quizás malgaste un número desconocido de oportunidades vencidas. Hay un torrente de calma que late y se desangra porque, aún siendo un milagro, sólo unos pocos privilegiados podemos contarlo. Al resto sólo le queda el consuelo de la fe, de creer que fue así, tal y como lo contamos. Pero es insuficiente, no hay palabras conjuguen la magia de sobrevivir al desencanto. 

Somos supervivientes de una catástrofe que a nadie importa. Todos vinimos enfermos de casas y trabajos. Pero compartimos temores en una casa que convertimos en un refugio y sólo necesitamos un aliento de calma para hacerla indestructible. Lo conseguiste, Daniel Martin Moore. Lo hiciste y estaremos eternamente agradecidos.   

Encontré una carta manuscrita dentro de un libro que no conocía y en su epitafio decía que si sonreía al reconocerme en esa historia, intentara hacerla mía. Lo primero sería poner una fecha y un lugar, no hacía falta un nombre o título, pero si encontrar las palabras que condujeran hacia ese milagro inesperado. Lo segundo sería añadir todas las demás que encontré encadenadas y dejar escritas estas instrucciones para que en esta repetición se grabara un camino impredecible. Un verdadero milagro.

Sólo hace falta una cosa más, una puerta por donde entrar, un punto de partida por donde empezar. La carta empezaba así:

 

4/6/2013

EOI

Era una biblioteca o un museo de libros que ya nadie consulta. En otro cambio que nadie había pedido, todos intentamos buscar nuestro propio espacio. Hoy sirve para escondernos y sentirnos seguros por un camino de miradas furtivas difuminadas en el aire. Realmente no sé cuando ocurrió pero allí estabas tú, trazando una diagonal perfecta entre decenas de estanterías, mesas y sillas.

Si comenzamos a caminar juntos, cuando ya estaba todo perdido, puede que sea un milagro. Si no fue así, siempre podemos recurrir a otra historia contada en la que una vez fuimos protagonistas.