KLS + Teletexto + DobleCapa

Monday, October 17, 2016 - 22:00
Madrid

 

Entró en la comisaría ataviada con su traje de buzo, casco incluido, con un arpón en la mano y unas enormes botas de plomo que apenas le dejaban caminar. En el propio traje había escrito con letras supervivientes: “estoy loco”.  Entre los testigos estaban los propios agentes, que se repartían entre los que habían sacado ya su arma, al concluir que arpón y “estoy loco” era una amenaza inequívoca, y los que movían su cabeza de izquierda a derecha ejemplificando un caso de un más que probable dramático desenlace.

Tres horas antes de morir por la precipitación de todos los temores que pueden reunirse en un minuto, Robert, que así se llamaba, a casi 50 metros profundidad, se cruzó con su mirada por primera vez. Estaba desnuda y luchaba por descender cruzando el límite de su capacidad pulmonar. Recogió su tirada sin suerte y la devolvió a la casilla de salida. En este punto, en el que todo tendría que empezar de nuevo, se dio cuenta que estaba sangrando, y ella también, al olvidar los pasos escritos en el manual de ascensos y descensos. Con un gesto inesperado escribió en rojo de su sangre "estoy loco" en su traje impermeable, justo antes de desmayarse.

Sin tiempo para pensar, se quitó el traje y se lo puso para evitar una inevitable hipotermia y le colocó el casco para que el oxigeno embotellado renovara el aire contaminado de sus pulmones. Despertó dentro del traje en medio de un charco de sangre desconocido. Desconcertada y con un arpón cosido en el guante de su mano derecha, corrió como pudo hacia la comisaría del puerto.

En una vida de ficción todo el que quiere vivir tiene problemas con la vida. Con estas reglas sobre la mesa de un juego invencible, aparecen como supervivientes aquellos que lograron inventarse una locura mayor. 

Una locura, como hacer un concierto un lunes que además llueva.
Una locura, como aguantar la respiración para que el corazón estalle en los oídos buscando una salida en música precipitada desde miles de metros de altura. Y además se llaman KLS.
Una locura, como crear corrientes que estallen sobre un cielo negro con colores que caen difuminados hasta que la soledad vuelva para devolvernos la realidad. Y además se llaman Teletexto.
Una locura, como caminar con la sorpresa de una música imposible y reinventada, que asalta una pobre memoria que anhela estos momentos para que la euforia lave de culpa todos los lamentos. Y además se llaman Doblecapa.

Una locura como escribir reseñas suicidas que sólo quieren esconder un corazón lleno de cicatrices que, por prescripción médica, no admite más cirugía.