Radio Rag Party

Saturday, May 7, 2016 - 14:00
Don Benito

Antes que pudiera decir algo, ya estaba preguntado. “¿Quieres algo?”, dijo sin ni siquiera mirarme. No sé si sabía que era yo o si, independientemente de quién hubiera entrado, habría contado lo mismo. “Estoy preparando una nueva historia, déjame que te la cuente, ahora que has vuelto. Porque supongo que fue esa razón por la que un día apareciste por es puerta, con tu maleta vacía, esperando que se agote la cerveza y me vaya a la cama”.

“Los sueños vencidos son diferentes a todos los demás”, decía mientras apuraba una cerveza verde parpadeante, “puedes estirarlos todo lo que quieras que nunca se van a romper. Como parte de ese ejercicio de resistencia, siempre persiste la necesidad de perseguir infinitamente ese mismo deseo. Atemporal y estacional, renace el tiempo suficiente como para justificar el siguiente latido. Eso que ahora no entiendes es lo más parecido a lo que una vez alguien quiso decir cuando imaginó por primera vez la palabra Libertad”.

Desapareció por una puerta que, al contrario de todas las paredes, no servía para colgar recuerdos. Sin tiempo a dejar mis preocupaciones en un lugar seguro, apareció reencarnado en un animal de cuatro cuerdas. Yo pensaba que sólo servía para correr más rápido pero descubrí que había un doble sentido escrito en esa nueva arma de repetición. Creí entender que venía de Glasgow y que se llama Howie Reeve, aunque podría vivir en cualquier parte y en cualquier cuerpo. Golpeaba melodías que escribían canciones de nostalgia que una vez hicieron daño al caer y otras sonreír. “Este es el momento adecuado para saturar la memoria con colores nuevos, para abrir la maleta, sacar una imagen en blanco y empezar a usarlos todos”, dijo, otra vez, sin ni siquiera mirarme y, esta vez, estaba segura que no podía haberme visto.   

 

Hubo un tiempo de reencuentros, donde la música era testigo de voces en lugar de palabras. Este es el momento en el que dejamos de leer rostros escondidos y de escuchar palabras que se intercambian con la misma voz. Este es el momento en el que se rompe la distancia y tocamos su movimiento de risas, hazañas y lamentos. Y antes que pudiera decir algo, ya estaba preguntado: “¿Quieres algo?”.

Buscaba un final antes de que los créditos apagarán la luz de este recuerdo. Pero si todo tiene que quedar escrito para engañar al codicioso olvido quizás deberíamos eliminar todos los signos de puntuación para que tu voz tiemble al quedarse sin aire y tu corazón quiera ir más rápido agotando frenéticamente la cuenta atrás abierta que sin querer has empezado al leer algo que nunca podrías haber imaginado si no estuviste allí por eso nunca podremos alcanzar más de un minuto de gloria porque hasta las manos reclaman al cielo un suspiro en un desierto de rutina mientras llueve resistencia que grita sobre unos ojos que se nublan antes de la tormenta que se llevará nuevas frases inconexas de otra victima que empieza a sangrar huyendo de todas las lágrimas que llegarán después cuando la tierra que ahora suplica sea de nuevo testigo de otra hazaña que llego aquí engañando el canto de las sirenas con gritos de cuerdas que se rompen cuando la música acaba pero ahora eres tu el que grita y el que intenta leer más rápido para llegar a un final que quiere saber si hay más o si debes parar justo aquí con los pulmones llenos de sangre y así sentir de nuevo lo que fue el extenuante concierto de KLS

 

Todo sería más fácil si hubiera puertas para poder huir. Todo sería más sencillo si hubiera puertas para poder entrar. Pero no hay puertas y es difícil porque siempre puedes volver y ese sueño vencido sangra y despierta para recordar el significado de palabras extinguidas.

 

Como sus paredes, uno siempre vuelve sobrecargado de recuerdos en los que nunca habrá un orden. Pero que sentado en la distancia, mires a donde mires, encuentras un momento para ejercitar la nueva sonrisa que desafió al tiempo.

Encontrarán manuales que tratan de instruir los pasos que justifican el cómo, el cuando, el dónde y el por qué, como si fuera una fórmula matemática que siempre funciona con cualquier variable. Pero se olvidan, siempre se olvidan, que lo importante no es eso, es el quién. Muchas gracias Johnny Mac Mathis Junior por hacerlo posible!

Como decían los Blooming Latigo en una entrevista para Karate Press #0, siempre habrá héroes, lo que hace falta es más gente que cuente sus hazañas. Ahora griten, griten como si la voz nunca fuera suficiente The Rincón Pío Sound!