Bala, Human Flesh

Bala
Human Flesh
Matapadre, 2015

El día que aceptamos que todas las aproximaciones eran válidas, dejamos de creer en la exactitud de la gramática. Fue entonces, cuando un grupo de filólogos reincidentes se unieron, en la clandestinidad de sus sueños, para confeccionar un nuevo diccionario que justificara su, hasta ahora, fútil aprendizaje.

Ocultaremos sus nombres en prevención de un más que probable delito de integridad, pero diremos que él, quién se oculta detrás del nombre un personaje de ciencia ficción conocido como Roy Batty, había comenzado su prestación obligatoria en una conocida corporación como camarero solidario en una de sus franquicias. Roy fue el encargado de buscar la primera palabra y, entre todas las que tenía a su alcance,  eligió música como un punto donde comenzar este proyecto. En una primera acepción, y sin querer que ello repercutiera en el orden final, escribió que la música era su forma de acompañar su propio silencio.

Ellas se conocieron en un salón de belleza reconvertido en gimnasio que, entre sus múltiples funciones de diversificación del negocio, albergaba un museo de cuando la violencia pugilística se interpretaba como una nueva forma arte. En esa aura de nostalgia de pura competición incorruptible tomaron el nombre de Bala como un sinónimo para su proyecto de alcance directo.

Conocieron a Roy por su común afición a los relatos de realidad-ficción y quisieron participar en este proyecto de recuperar esencia exacta de su disciplina. Para ello decidieron que, en lugar en lugar de un diccionario, elaborarían un nuevo código vial dando el protagonismo al coche convertido ahora en centro de nuestras vidas, sobre todo para los habitantes de esta gran ciudad. Lo primero que hicieron en el nuevo código fue reemplazar las señales de prohibición por canciones y fundamentaron su decisión en tres pilares que enumeraron así: en primer lugar ya no se debía ceder si no cambiar el paso, en segundo lugar desde hoy no debemos detenernos sino cambiar de sentido y, por último, nunca deberíamos tener miedo delante de las intersecciones, tal y como nos habían enseñado. Al final, todas las decisiones dejarían de tener una velocidad máxima, mínima o aconsejada.

Roy, empeñado en huir de la soledad de todos sus proyectos, no quiso esquivar el nuevo disparo que le apuntaba delante del concurrido cruce y, en una decisión sin límites, llenó con las canciones de Human Flesh su desaparecido silencio.

Bala, Human Flesh
Bala, Human Flesh
Bala
Fredoom is
Human flesh